Dice Alvin Toffler en su libro “La tercera ola”: “Una de las características más visibles del mundo fundado en el industrialismo es el mito de la eficacia autoritaria. Se cree, por lo general, que un gobierno autoritario y fuerte que funciona dentro de un sistema totalitario o democrático (formalmente hablando) es necesariamente eficaz. Pero hasta el momento no hay prueba histórica de que un gobierno autoritario sea más eficiente que otro no autoritario. Hay una serie de gobiernos autoritarios que son realmente ineficaces porque son incapaces de resolver las condiciones fundamentales básicas para la existencia humana”.
Queda claro que son dos cosas muy distintas. El autoritarismo se impone al derecho, elabora sus propias normas. En sectores de la población esta distinción es borrosa. Al respecto se puede aplicar la famosa frase del filósofo Thomas Hobbes, que en su “Leviatán” dice: “El rey da la ley pero una vez promulgada se somete a ella”.
En las democracias los parlamentos dan las leyes que deben aceptarse cuando estas leyes no violan el orden constitucional.
EN NUESTRO PAÍSSe sostiene que una gran parte de peruanos y peruanas son autoritarios. No podemos generalizar, sobre todo cuando la mayoría se proclama a favor de la democracia.
Debemos distinguir entre una posición política autoritaria de la conducta autoritaria que se expresa en la vida cotidiana. Con conductas machistas, fundamentalistas, fanáticas, homofóbicas, racistas, excluyentes y marginadoras que se encarnan en el maltrato verbal y en la violencia que sufren las mujeres, los niños, los adolescentes, las personas con discapacidad, entre otros.
Algunos psicoanalistas sostienen que detrás de este tipo de conducta hay una predisposición sádica. El sádico siente placer infligiendo dolor al prójimo, la voluntad autoritaria no admite al otro, niega su libertad como fuente de desarrollo de la conducta, su objetivo es el sometimiento del otro, sin ninguna concesión y rechaza prepotentemente el diálogo como la crítica de sus decisiones.
Los conflictos familiares, generacionales, culturales y políticos se producen por esa contradicción entre dominador-dominado.
¿Se pueden encontrar, además de las influencias sociales, aspectos biológicos de la dominación? El tema es discutible, pero existen personas con una gran voluntad de dominio; en cambio, hay conductas no dominantes, que no tienen voluntad de poder y que el poder no les interesa. Solo quieren ser libres.