sábado, 3 de julio de 2010

El fascismo en el Perú

Sáb, 03/07/2010 - 05:00

Por Alberto Adrianzén M. (*)

A continuación transcribo un correo electrónico que me llegó en días pasados y que da cuenta de una conversación (vía Facebook) entre un hijo y un padre. Como no he podido comprobar si dicho correo es veraz omitiré los nombres de los involucrados. Hijo: “Feliz día, viejito! Solo me queda agradecerte por el apoyo incondicional que me das día a día, por eso eres el mejor viejo desde mi punto de vista. Y ya sabes viejo: haz patria y mata un caviar”. Padre: “Gracias, hijo del alma. Eres mi orgullo y mi felicidad. Te amo. (No es necesario matar ‘caviares’ para hacer patria, basta con combatirlos y derrotarlos con ideas”.
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El siguiente es un fragmento de una nota aparecida en el diario Expreso el día 24 de junio: “La Católica publicó en El Comercio un costoso aviso pagado por los alumnos, justificando su desprecio por el Testamento de Riva Agüero. ¿Qué pensaría Riva Agüero de esta carta encabezada por un agnóstico? Recordemos que los progre que se apropiaron de La Católica –entre ellos un judío, Salomón Lerner F.– se burlaron de Riva Agüero al instalar la exposición de la Comisión de la Verdad con gran afiche del tirano Velasco como fondo en la casa favorita del mecenas en Chorrillos”.
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Transcribo finalmente unas cuantas líneas de una columna de Aldo Mariátegui publicadas en Correo el 30 de junio: “Si el actual sistema de designación indirecta de rectores es malo, una elección directa sería pésima… Eso del voto gremial (catedráticos, estudiantes y colegios profesionales) para este tipo de cargos públicos académicos y de nombramiento de jueces es un estúpido mito absurdo creado por la caviarada con ese concepto fascistoide de ‘Sociedad Civil’, puro gremialismo mussoliniano. Si no, fíjense cómo los burros de los ingenieros han elegido a Gonzalo García Núñez –un radical humalista de paso muy polémico por el BCR– como integrante del Consejo Nacional de la Magistratura… Tanto el sistema de elección de los rectores como el del CNM deben ser modificados… Eso sería lo eficiente, no esa cojudez de que estudiantes ignorantes y académicos mediocres perpetúen con su voto que se siga dilapidando el dinero de los contribuyentes en universidades públicas tan deplorables en su calidad y tan politiqueras”.
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Seguramente, otros ejemplos se podrían citar. Sin embargo, me interesa llamar la atención sobre el creciente clima de intolerancia fascista y el despliegue de una cultura que promueve el racismo y la muerte como opciones principales. Es el hijo que le dice amorosamente al padre: “mata a un caviar”; es Expreso “acusando” a Salomón Lerner F. de judío; es el director de un diario que cree que aquellos que no piensan como él son una manga de idiotas y comunistas. No es extraño que Oliver Starck, columnista de Perú 21, publicara un artículo (26/4/10) en el cual no solo hacia una abierta defensa de Riva Agüero como fundador del fascismo en el Perú (“Riva Agüero fue, efectivamente, un devoto de Benito Mussolini”) sino también del fascismo mismo. La idea de que es posible asesinar al otro distinto (sea de izquierda, caviar o “progre”) no es una simple metáfora o un juego de palabras. Es una propuesta política. El otro dato es que esta ofensiva fascista la promueven impune e impúdicamente algunos medios.
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No estamos, por lo tanto, solamente frente a una ofensiva conservadora, encabezada por personajes vestidos de frac o de sotana y con olor a naftalina. Lo curioso de todo esto es que aquellos que la promueven, se dicen modernos (y hasta liberales), defienden a capa y espada al mercado, a las actuales políticas neoliberales, a la globalización, pero también al fujimorismo, a los violadores de los DD.HH., al militarismo y al cardenal Cipriani representante de esa cultura franquista llamada Opus Dei. Por eso me pregunto si es posible construir un país y una democracia para todos, cuando no se tiene una derecha moderna (tampoco una izquierda) y sí, más bien, una banda de matones fascistas y de “buenos muchachos” al momento de hacer negocios

CANDIDAZA. Por Mirko Lauer

Candidaza
Sáb, 03/07/2010

Hace tiempo que no se veía un salto a la piscina vacía como el de la ministra Mercedes Aráoz. Destapar sus aspiraciones presidenciales le ha costado un jalón público a sus bellas orejitas, y no descartemos que también una partida adelantada del MEF. Alan García se lo ha dicho con todas sus letras: no puede ser candidata y ministra a la vez.
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El argumento es que ahora todos sus actos se prestarán a ser leídos como preparativos de una campaña electoral (por ejemplo, la revisión de la ley de ganancias en la bolsa). La declaración de que le gustaría lanzarse con un movimiento propio le complica todavía más la situación, pues se coloca en una suerte de incómodo offside frente al Apra que la nombró.
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El gobierno se ha sentido madrugado. Pocas cosas irritan más a los presidentes que la sospecha de que sus colaboradores manejan una agenda política propia. Alejandro Toledo vivió un tiempo acusando a Diego García Sayán (en privado) de estar usando su gobierno para sus propios fines. En el caso de Aráoz no hay nada que sospechar, pero sí un poco de perplejidad.
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El runrún de que la independiente Aráoz podía ser la ficha de García para el 2011 circuló lo suficiente como para que todos, incluida ella misma, lo creyéramos. Pero los candidatos invitados no se lanzan por su propia cuenta. ¿Qué pasó? ¿Ha sido una movida para tomar distancia y correr por su cuenta? ¿O un intento de adelantarse a alguna figura del Apra?
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En cualquiera de los casos, la movida de Aráoz obliga a García a hacer cambios en su gabinete, para este fin de mes, o a la brevedad posible, según se desarrollen los acontecimientos. Por lo pronto García ya ha pedido que los aspirantes a candidatos avisen con tiempo, y todo indica que ese tiempo es ahora mismo.
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Un escenario posible es el nombramiento de un aprista al MEF (¿Enrique Cornejo?), como una manera de mostrar que el partido no tiene prohibición de acercarse a la caja fiscal, y de paso que los méritos del crecimiento no son todos de tecnócratas independientes. Esto mientras se mantiene un premier aprista y siempre un gabinete no confrontacional.
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De modo que Aráoz pierde el MEF y también la candidatura aprista, en el improbable caso de que alguna vez la tuviera. A partir de allí su futuro político no parece muy brillante. Tiene el perfil de una funcionaria simpática, de éxito y con muy buen manejo en la escena pública. Más o menos lo que tiene Pedro Pablo Kuczynski, con algunas obvias diferencias.
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Con este incidente se termina de desbrozar el paso a un candidato propio para el Apra en el 2011, con Javier Velásquez Quesquén y Jorge del Castillo como los más caracterizados. No es la primera vez que un proyecto de candidato independiente se quema en la puerta del horno aprista.

viernes, 2 de julio de 2010

Entre la oscuridad y la esperanza

Entre la oscuridad y la esperanza Temas:

Por: Mauricio Torres Tovar

El desafío que impone esta nueva época es grande. Tal vez el mayor que hayamos tenido que enfrentar en nuestra historia.
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Nos agrede y sufrimos un orden que está mal, que hace daño y que no sirve, eso lo sabemos y lo decimos con fuerza.
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No solamente están a riesgo nuestras culturas, nuestras comunidades, nuestros pueblos y familias. Es peor, la vida misma corre el riesgo de ser destruida por la ceguera de quienes se han equivocado y utilizan el mayor poder de la historia para convertir en mercancía todo lo que existe a través de su Proyecto de Muerte.
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Mandato Indígena y Popular de la Minga por la Vida, la Justicia, la Alegría, la Libertad y la Autonomía. Cali (Colombia), septiembre de 2004 En el Primer Foro Social Mundial de Salud realizado en el pasado mes de enero en Porto Alegre, la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames) y la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo dimos a conocer un Informe sobre el Derecho a la Salud en América Latina, elaborado en el marco de la Campaña “Por el derecho a la salud en América Latina: sistemas públicos y universales de salud”.
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Este Informe permite evidenciar de un lado las múltiples desigualdades e inequidades que se viven en el continente latinoamericano, expresadas en grandes violaciones al derecho a la salud, profundizadas por la orientación dada a comienzos de la década del 90 por los organismos multilaterales para estructurar los servicios de salud desde una lógica de mercado.
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Pero, de otro lado, también evidencia los logros de las experiencias locales y nacionales, que como la cubana, la brasileña y la venezolana demuestran que sí es posible avanzar en la garantía del derecho a la salud para la población del Continente.
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Hoy en América Latina hay dos grandes tendencias de políticas de Estado en Salud, que a su vez generan dos grandes tendencias de la situación sanitaria en el Continente:
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una, que entiende la salud como un bien privado y la incorpora en la esfera de los mercados privados de salud, con marcado énfasis en la atención a la enfermedad, marginando los aspectos de salud pública, promoción y prevención, y que genera impactos sanitarios negativos en la población.
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La otra, parte del reconocimiento de las necesidades sanitarias de la población, reconoce la salud como derecho humano y busca su garantía a través de la estructuración de Sistemas Nacionales de Salud Públicos y Universales, tiene un énfasis en la promoción y la prevención, y consigue logros sanitarios positivos.
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La primera tendencia de política de salud es hegemónica en el Continente, impulsada desde comienzos de los 90 por los organismos financiadores internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional), a partir de la orientación neoliberal de reducción de los Estados y el fortalecimiento de los mercados como mecanismo fundamental para el impulso al desarrollo de las naciones.
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En este sentido, en su Informe Mundial en 1983, el Banco Mundial propuso avanzar en la reforma de los servicios de salud en cuatro estrategias referidas al:
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i) cobro de tarifas a los usuarios de servicios estatales;
ii) provisión de seguros frente a los riesgos económicos, relacionados con la atención médica,
iii) empleo eficiente de recursos no gubernamentales, y
iv) descentralización de los servicios gubernamentales.
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De tal suerte que la salud empezó a ser vista como un bien privado de consumo al satisfacer necesidades individuales por las cuales la persona está dispuesta a pagar, y cuya razón se debe dejar al pago individual y distribuirse el bien mediante las reglas de mercado, incorporando a quienes carecen de capacidad económica a través de la focalización de los subsidios.
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Este mandato fue acogido y desarrollado en un primer momento con la reforma del sistema de salud chileno a comienzos de los 80, en la que se crearon las ISAPRES, y luego, a comienzos de los 90 en Colombia, creando las EPS. Estos dos modelos, y más centralmente el modelo colombiano, al entender y desarrollar mejor las orientaciones de mercado, han sido un molde ‘adecuado’ para el conjunto de reformas en salud que se impulsan en el Continente.
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De otro lado, desde una postura contrahegemónica, hay países americanos que desarrollan otra orientación de su política de salud y resisten el embate de la orientación de las reformas inspiradas en los organismos internacionales. En esta perspectiva se defiende la salud como derecho humano y bien público, responsabilidad central del Estado, y se asegura su financiación por la vía de los impuestos generales y las cotizaciones de los trabajadores formales, y se redistribuye en la prestación de servicios con un sentido de universalidad.
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Los casos más emblemáticos en esta orilla del modelo garantista en salud son los de Cuba y Brasil, y más recientemente el de Venezuela, además de múltiples experiencias de orden municipal (actualmente se pueden resaltar las experiencias del México D.F., Bogotá y Rosario). En un intento de síntesis de los puntos centrales que orienta cada una de estas dos políticas de salud, se pude esquematizar (Ver cuadro). En relación a los efectos que han traído estas políticas en el Continente, se pueden destacar los siguientes aspectos:

La propuesta neoliberal ha hecho que la salud se comprenda como un bien privado de consumo, que opere con las lógicas del mercado, lo que produce exclusiones e inequidades propias del mercado. Hay una salud para ricos (medicina privada), una salud para sectores asalariados (aseguramiento) y una salud para pobres (redes públicas de salud).
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En este aspecto, el modelo de gestión del riesgo ligado al aseguramiento juega un papel clave en la configuración de las actuales reformas en salud. Se puede decir que efectivamente se han incrementado las tasas de cobertura del aseguramiento, pero se han reducido las de acceso real a los servicios.
Acá se hace necesario diferenciar entre aseguramiento y acceso real a los servicios. La lógica de mercado produce una serie de barreras administrativas, económicas, geográficas y culturales para el acceso a los servicios, como mecanismos para el aumento de las utilidades del actor de mercado más beneficiado: las aseguradoras privadas.

Los campos de la salud pública y la promoción de la salud han sido marginados y disminuidos en su potencial transformador de la situación de salud de los pueblos latinoamericanos. Esto obedece a la lógica de mercado que los sitúa en el campo de las externalidades y los asigna como responsabilidad central de un Estado que se debilita paulatinamente. En la lógica de mercado, promocionar y prevenir la salud no es rentable; el negocio está en la venta de servicios individuales de atención a la enfermedad.
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Este modelo es homogeneizante, y no reconoce diferencias en términos de territorio, clase, etnia, género y diversidad sexual. Por ejemplo, son marginales los problemas básicos relacionados con la salud de las mujeres en el ámbito de la salud sexual y la salud reproductiva.
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Por último, es evidente que las políticas neoliberales de acuerdos comerciales refuerzan la onda privatizadora en el sector salud. Los TLC que se han suscritos por parte de México y Chile con Estados Unidos evidencian sus negativos efectos sanitarios, especialmente en relación con el tema de medicamentos por vía de los derechos de propiedad intelectual. De seguirse firmando los TLC y de concretarse el Alca, la disminución en acceso a medicamentos esenciales por parte de la población latinoamericana empeorará su situación de salud.
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Desde la orilla de las políticas de salud garantistas se desarrolla la estrategia de Atención Primaria en Salud, apuesta mundial hecha en 1978 en Alma Ata (Kazajstán), como forma central para lograr salud para todos y todas, a través de la cual se acercan los servicios de salud a las comunidades y se rompe con barreras de acceso, al constituirse en la puerta de entrada de la población al sistema de salud.
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Estas experiencias muestran cosas muy positivas:
1) reconocimiento de la salud como derecho social y como bien público establecido constitucionalmente;
2) sistema de salud público, solidario, que cubre a toda la población;
3) resistencia a la privatización de los servicios de salud;
4) logros con la expansión de las APS, con alta capacidad resolutiva y a menores costos;
5) resultados positivos de salud.
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En términos de los resultados sanitarios que genera el modelo neoliberal, utilizamos el caso colombiano, dado que ha sido mostrado como el ejemplo por seguir en el conjunto de las reformas sanitarias (Informe de Salud año 2000, OMS), para evidenciar sus efectos negativos en la salud de la población colombiana: No se logró la universalidad. La Ley 100 de 1993 estableció que para el año 2001 existiría cobertura en salud para toda la población; sin embargo, lo que se observa es que en el 2003, según cifras oficiales, el 38 por ciento de aquélla no estaba asegurado, tendencia que no ha mejorado en la medida en que el aseguramiento se soporta en el empleo formal, y en el actual escenario de desempleo e informalidad se hace cada vez más inviable.
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Lo privado se ha favorecido a costa de lo público. Uno de los efectos positivos más destacados por los defensores del modelo tiene relación con el incremento de los recursos financieros para el sector salud, que sin lugar a dudas es cierto; pero también es cierto que estos recursos sirven para enriquecer las arcas de las intermediadoras (aseguradoras), ya que un alto porcentaje de lo recaudado se dirige al componente administrativo y no al de promoción, prevención y atención, como corresponde (en el año 2000 se evidenció que los porcentajes de inversión de las EPS fueron del 50,2 por ciento para la prestación de servicios de atención, sólo el 3 para prevención y promoción, y más del 45 se fue hacia inversión de capital, infraestructura y patrimonio).
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El cambio central del esquema de financiamiento, pasando del subsidio de oferta (presupuestos históricos para los hospitales) al subsidio a la demanda (pago por facturación de servicios prestados), les exigió a las instituciones de la red pública generar sus propios recursos para sostenerse económicamente a partir de la venta de servicios, lo que acarreó un aumento de las dificultades económicas para la mayoría de instituciones, llevando a varias de ellas incluso al cierre total (la más reciente, el Hospital Universitario de Barranquilla), y perdiendo con ello un patrimonio nacional, construido con tesón y grandes esfuerzos de las comunidades.
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La salud de la gente se deterioró. La situación de salud debe ser el indicador adecuado para medir los impactos de una política de salud. El énfasis del modelo en la atención a la enfermedad redujo todo el componente de salud pública a un plan (PAB, plan de atención básica). Esto llevó a debilitar programas de promoción y prevención tan importantes como los relacionados con la prevención y atención a la fiebre amarilla, la tuberculosis y la malaria, enfermedades que se han incrementado en el país (en el período 1995-2000, la fiebre amarilla reportó un total de 21 casos; la tasa promedio anual de tuberculosis pulmonar fue de 12 por 100.000 y el promedio anual de casos de malaria llegó casi a los 100.000). El Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) también se debilitó, reduciendo las tasas de cobertura de vacunación hasta niveles riesgosos, que de hecho generaron reemergencia de enfermedades infectocontagiosas. La cobertura de vacunación para 2000 con antipoliomiélitica era del 81,9 por ciento de los niños, la de BCG del 90,1 y la de triple DPT del 77,8.
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En 1989, las coberturas habían llegado hasta el 94 por ciento de la población. Hay que reconocer que indicadores como los de muertes maternas e infantiles registraron disminución en las tasas nacionales, pero, al analizarlas por regiones, las de zonas como Chocó y la Orinoquia siguieron teniendo cifras vergonzosas.
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Las desigualdades en salud se acentuaron. Los datos muestran que el sistema colombiano aumentó las inequidades en salud, es decir, que quienes más necesitaban menos recibieron, y quienes más tenían más recibieron. Por ejemplo, al desagregar la distribución porcentual del subsidio en salud por condiciones socioeconómicas, se encontró que el decil 1 (los más pobres) recibía el de 4,8 por ciento, mientras que para el decil 9 era del 12,8, y del 14 para el decil 10 (los más ricos).
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Al observar los denominados gastos de bolsillo se observaron también discriminaciones de índole económica, ya que mientras los hogares donde los jefes pertenecían a regímenes especiales gastan el 5,7 por ciento de su ingreso, los del régimen subsidiado gastan el 14, y el 12,4 los no afiliados (vinculados).
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En relación con el uso efectivo de los servicios de salud, las razones más frecuentes para no acudir a éstos tuvieron que ver con los costos que generaban, bien por las cuotas moderadoras y los copagos en el régimen contributivo, bien por el pago porcentual que se debía hacer del costo de los servicios en el régimen subsidiado. Se puede decir entonces que el modelo de salud, debido a que se orienta por la lógica del mercado, origina inequidades propias de su concepción, estableciendo diferencias de beneficios y calidad, al establecer salud para ricos (medicina prepagada), salud para trabajadores (régimen contributivo), salud para pobres (régimen subsidiado) y exclusión de un sector importante de la población (vinculados).
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Pensamos que la situación sanitaria de América Latina aquí descrita amerita, entre otras cosas:
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Una amplia denuncia de la situación de marginalidad, pobreza, enfermedad y muerte en el subcontinente latinoamericano.
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Una desautorización mundial a las políticas de salud impulsadas desde el BM, el FMI y la OMC, ya que existen evidencias suficientes para demostrar su ineficacia a la hora de abordar los problemas de inequidad en salud.
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En particular, es necesario abogar por acuerdos comerciales justos, que respeten el conjunto de tratados internacionales sobre el derecho a la salud y la Declaración de Doha.
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El respaldo a los gobiernos nacionales y locales que hacen esfuerzos por garantizar efectivamente el derecho a la salud. Aquí hacemos mención particular de la propuesta de Bogotá, que busca la garantía del derecho a la salud con el impulso de la estrategia de APS denominada Salud a su Hogar, en un marco nacional adverso.
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La necesidad de realizar, desde la sociedad civil, informes nacionales y regionales sobre la situación de salud, con el concurso y respaldo de organizaciones internacionales como MDM, en asocio con otras y con el Relator Especial para el Derecho a la Salud de las Naciones Unidas (en particular, dada la situación de Colombia, queremos solicitar a esta Asamblea que MDM impulse en conjunto con Alames y otras organizaciones sociales la realización de un informe de la situación de salud en el país).
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Hacer presencia en los principales escenarios de debate mundial, en particular en los escenarios del BM, el FMI, la OMC, la OMS y la OPS, para que desde ellos se presione un cambio en la orientación de las políticas de salud, y para que efectivamente se respeten los acuerdos universales consignados en declaraciones y tratados internacionales de derechos humanos, en los cuales se establecen las responsabilidades de los Estados que garanticen realmente el derecho al más alto nivel posible de salud física, mental y social de los pueblos.
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Reafirmar la consigna y los propósitos mundiales de salud para todos, reconociendo el valor de la estrategia de APS como base central de los sistemas de salud.
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Darles respaldo a las diversas expresiones de organización, resistencia y movilización social que se dan actualmente en Latinoamérica por la garantía del derecho a la salud.
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Finalmente, decir, como los indígenas colombianos, que la situación actual exige unidad, creatividad, inteligencia, solidaridad, compromiso, sacrificio y mucho trabajo, pero también mucha alegría y muchas ganas de vivir. Sabemos que solos no podemos y que nos necesitamos mutuamente para entender, para resistir y para crear un país, un continente y un mundo posible y necesario.
¡Estamos seguros de que otra salud en otro mundo es posible!

Espacios para una plena dignidad humana

Espacios para una plena dignidad humana Temas:

Por: Horacio Cerutti Guldberg

El siguiente texto es la parte sustancial de la Conferencia Magistral brindada por su autor al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Varsovia (Polonia) el 20 de mayo de 2010.

“(…) siempre estamos (re)buscando el sentido de nuestras vidas.
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Para qué, por qué, cómo, dónde, de qué manera, hacia dónde vivir son preguntas obsesivas, las cuales pueden hasta agobiarnos. Y son típicas de los sobrevivientes, dado que eso somos también sin duda alguna: sobrevivientes.
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¿En qué contexto preguntamos hoy por el sentido?
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Admito que siempre el presente es complejo y hasta amenazador.
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Situados aquí, basta con revisar los mapas de Polonia en los últimos siglos. Aparece, en una primera aproximación, un país fugaz, con fronteras móviles en permanente desplazamiento, siempre amenazado y siempre reivindicando su autonomía nacional.
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Nociones del siglo pasado, como “corredor polaco” o “Lebensraum”, sugieren algo más acerca de aquello a lo que procuro referirme.
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Pero hoy, la situación tiene tintes quizás hasta más potencialmente dramáticos para Polonia, para Nuestra América y para todo el mundo en general.
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¿Será que nos aparece así por la información casi instantánea o, al mismo tiempo, por la desinformación que esa instantaneidad conlleva?
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No lo sé a ciencia cierta.
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Sólo una enumeración, sin orden cronológico y a manera de bosquejo acumulativo, puede ayudar a captar lo que pretendo sugerir: golpe de estado en Honduras, siete bases con presencia usamericana en Colombia, compra de equipo bélico por parte de Brasil a Francia, la IV Flota nuevamente por los mares de Nuestra América después de tres décadas, crisis financiera mundial, terremoto en Haití, terremoto en Chile, profundización de la crisis económica en Grecia con amenazas fuertes en España y Portugal, explosión del volcán islandés, destrucción progresiva por razones ecológicas del Coliseo romano, derrame de petróleo incontrolable en el Golfo de México, leyes antiinmigrantes en Arizona, y un larguísimo etcétera relacionado con la contaminación o deterioro ecológico por el calentamiento global, el hambre, la exclusión creciente de inmensas mayorías de la población mundial de los servicios y derechos más elementales, conflictos étnicos y religiosos, guerras (potenciales, ocultas, en preparación, retenidas, en evaluación y proyecto).
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¿Visión apocalíptica?
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De ninguna manera y lo dice quien lleva casi cuatro décadas investigando sobre apocalipsis y escatología.
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No.
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No visión catastrofista sino mera constatación de parte –felizmente no de la totalidad– de lo que nos rodea.
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¿Y qué más, aparte de estos aspectos horrorosos, nos rodea?
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Muestras de fraternidad, solidaridad, comprensión, no sólo de tolerancia sino también de hospitalidad humana. Esfuerzos por no renunciar a la experiencia fecunda de una cotidianidad y un presente acogedores, agradables, donde el buen vivir, la vida buena, se manifestara a plenitud, sin limitaciones, con toda la alegría, la hermosura y la belleza que conlleva la experiencia del amor, del cariño, del respeto, del reconocimiento y del aliento que unas y unos nos brindamos junto a otros y otras.
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Pero, ¿no pasaríamos así de una aparente y negativa visión catastrofista y apocalíptica a una visión paradisíaca, ilusoria y sin sustento de ningún tipo?
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El riesgo es inmenso. La verdadera cuestión quizá pudiera abordarse como sigue: por no correr ese riesgo
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¿será aceptable negarse a imaginar un mundo mejor?
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¿Habrá que conformarse con el ‘ahí se va’ y doblar nuestros brazos derrotados antes siquiera de intentar –no sólo realizar estos sueños– sino al menos inicialmente examinar con todo rigor teórico y sapiencial nuestra relación con los ideales y los deseos?
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¿O todo debe quedar en pura ‘moralina’ ineficaz por definición, donde se predica lo que no se hace: hay que ser buenos, etcétera, etcétera, y, en el fondo, “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”?
Aquí es menester incluir una serie de nociones relacionadas entre sí y con una perspectiva inicial, aunque no exclusiva ni excluyentemente, geográfica y, cada vez más, astronómica. No por algo a eso se dedicó en cuerpo y alma nuestro amigo Andrzej Dembicz con tanta obstinación. Son las complejas, quizá por sus referencias mutuas, nociones de: espacio, lugar, sitio, región, ámbito, locus, topos, ubicación, suelo, zona, interior, exterior, paisaje, escenario, límite, punto, intersticio. Aludidas por los términos: donde, en, sobre, desde; y en correlación con otros diversos niveles discursivos: horizonte, frontera, aire, cósmico, más allá, paraíso, liminar.
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Cada uno de estos términos –y la enumeración no pretende ser exhaustiva– nos permite matizar aspectos, variantes, facetas de lo que en primera instancia es, ahora dicho en sentido positivo, espacio vital, el espacio en que habitamos o que habitamos.
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Y esta última es una distinción no por sutil menos decisiva.
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Lo habitamos porque nosotros lo construimos simbólica y fácticamente.
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La “y” juega aquí un inherente papel unificador.
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Permítanme enunciar a continuación mi tesis (¿hipótesis?) fuerte, la cual intentaré fundamentar posteriormente lo más que me sea factible. Porque, aunque lo parezca, el espacio no es algo dado en el que nos desenvolvemos.
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Somos nosotros –individual y colectivamente– quienes lo moldeamos y construimos, elaboramos a nuestra medida o a lo que creemos sería nuestra medida, aunque después aparezca como una malla o entramado restrictivo, agobiante, asfixiante, claustrofóbico.
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Un corral apestoso o un jardín paradisíaco. Muy poco, si acaso algo, de todo esto nos es dado (me refiero en cuanto nos consideramos seres humanos). Todo es construido. Lo cultural inunda lo natural hasta un punto en que ambas dimensiones se hacen casi indiscernibles.
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Y esta intromisión de una dimensión en otra aumenta progresivamente. Ya casi es impensable un paisaje no social. Por tanto, lo simbólico aparece no solamente unido a, sino también en tanto conformador de lo natural.
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No hay natural inmediato o acceso inmediato a lo natural sino siempre mediado por lo simbólico, cuya historicidad es inherente.
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Esta historicidad está también, en el límite, constituida por espacialidad en tensión, intensa, extensa, encadenada y hasta escalonada.
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Por lo dicho, someterse a vivir –si a eso se le puede llamar vivir– según un ‘modelo Auschwitz’ generalizado, extendido, donde el espacio público es prácticamente eliminado y lo privado se convierte en reducción carcelaria ultravigilada y donde a lo más está permitida la ‘convivencia’ pasiva con la TV o los medios virtuales de comunicación, sólo conduce a una restricción del espacio hasta un punto intolerable.
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¿Estamos en eso?
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En buena medida. Nuestras experiencias espaciales y temporales aparecen todas predeterminadas casi en su totalidad. Por dónde vamos, a qué hora, con quiénes estamos, para qué, cómo, etcétera, etcétera. Todo (pre)planificado, (pre)parado, (pre)determinado, (pre)decidido. Lo cual lleva a preguntarnos: ¿Y nosotros qué decidimos? Pues, del ‘menú’ que se presenta, lo que más nos guste. Siempre y cuando no se nos ocurra cuestionar o cambiar el menú o, mucho peor, también el modo de cocinar, los ingredientes, los ritmos, las recetas, los instrumentos de cocina, la ubicación de la cocina y el comedor, las horas de comer, el decorado, las cocineras y cocineros, los condimentos y todo lo demás.
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Esta transgresión es vista como irracional, ilusoria, irrealizable, imposible, fuera de toda justificación, irreal; en el límite delirante, ‘utópica’.
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Una idiotez (en sentido etimológico) absurda y hasta muy peligrosa. Proponer ingenuamente paraísos suele llevar a infiernos todavía peores. Por tanto, mejor abstenerse. Porque, entonces, nos habríamos deslizado de los riesgos apocalípticos e idealistas a ciertos mesianismos, los cuales pudieran llegar incluso a adquirir matices milenaristas.
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Y no es por ahí, considero, que debe enfocarse nuestra reflexión sino asumiendo estos riesgos de caminar por la cuerda floja, por la cornisa, junto a estos abismos como equilibristas para poder avanzar creativamente.
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Porque la pregunta de fondo, decisiva e in-evadible, puede enunciarse así: ¿Es posible, sí, posible, renunciar a la dignidad humana plena? Pareciera que la respuesta sea claramente “No”.
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Pero, después comenzarían los matices: no renunciamos, sólo aceptamos lo que se pueda. Peor es nada. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay que conformarse con los pedacitos de espacio y tiempo que nos son concedidos (¿las migajas que caen de la mesa?), finalmente, el carpe diem de mi, mutatis mutandi, tocayo Horacio. En otras palabras, disfrutemos la pachanga mientras se pueda, evadamos dificultades, no dejemos para mañana lo que podamos hacer (¿gozar?) hoy, a cualquier precio que sea o, para decirlo en términos de la ética del darvinismo social: ande yo caliente, ríase la gente. Vámonos, pues, de vacaciones. Y ahí toparemos de nuevo con el mismo obstáculo. Resulta que todo estará (pre)organizado, y el contacto con la naturaleza resultará igual de artificial en cualquier organización turística del globo.
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¡Ahora hasta se preparan viajes turísticos a la luna! Después serán a Marte, etcétera, etcétera.¿Cómo ubicarnos eficientemente antes del (pre)? Ése es el punto neurálgico. ¿Es inteligente disfrutar el aquí y el ahora? ¡Por supuesto! Lo que no es inteligente es aceptar que el hic y el nunc sean impuestos bajo la máscara de que no hay otras posibilidades. Y eso no porque se desee que las haya sino porque efectivamente las hay o podemos construirlas (¿inventarlas?). Es cuestión de nuestro ingenio (razón apasionada y nunca por ello perturbada) examinar todas estas aristas y buscar los cómos, cuándos, dóndes, etcétera y, sobre todo, los para qué y para quiénes. Este es un trabajo que requiere convergencia de esfuerzos, comunión intelectual, creación de hermandades en búsquedas y persecución de la concreción de ideales.
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El asunto es entonces encontrar el modo de pensar y realizar lo nuevo que deseamos y necesitamos.
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Nuestra América fue vista originalmente como un espacio vacío por ser llenado de acuerdo con las necesidades y los proyectos de quienes llegaron a ‘descubrirla’. Cuando se advirtió que había seres aquí, no se dudó en apreciarlos primero como ‘buenos’, pero, apenas mostraron resistencia a las imposiciones, ya no se pudieron librar de los descalificativos: bárbaros, salvajes, incivilizados, etcétera. Quizás el único reconocimiento que se les hizo fue el declararlos “homúnculos”, como un modo de no negar totalmente su humanidad, lo cual hubiera dejado sin sustento la labor evangelizadora y su correlato colonizador, sino aceptar apenas lo mínimo para eso, aunque sin plenitud ni vigencia ninguna. Sujetos sujetados o, más bien, objetos maleables al gusto de los dominadores.
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Toda la historia a partir de allí ha estado plagada de estos esfuerzos por lograr autorreconocimiento, autovaloración, autonomía, por lo tanto ser sujetos sustentadores del propio protagonismo, de las propias responsabilidades, de los propios anhelos, de las propias decisiones, de los propios deseos. Lo cual se dice fácil pero ha resultado de muy difícil concreción. No es casual que el denominado ‘descubrimiento’ de esta parte del globo haya conllevado también la idea de un Nuevo Mundo.
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Un mundo novedoso donde todo lo difícilmente aceptable en el Viejo aquí sería realizable, pasible de ser concretado efectivamente, experimentable, hasta disfrutable. La historia de esta parte del globo está plagada de estas mezclas entre constataciones fácticas y deslizamientos casi imperceptibles hacia zonas fantásticas, curiosa y sugestivamente erotizadas. Visiones del paraíso se entremezclaron con espacios disponibles para todos los ideales habidos y por haber. Como si constituyera este trozo del globo el lugar, el espacio adecuado para soñar despiertos, y no sólo eso sino también y sobre todo para hacer de esos sueños apetecidos realidades tangibles y disfrutables.
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Por algo la utopía surgió en relación con este sector de la geografía universal. Me refiero al término con todas sus entremezcladas y sugestivas alusiones. Ese topos no disponible en el Viejo Mundo aparecería como lo totalmente a la mano en el Nuevo. Y daría lugar a pensar-imaginar-elucubrar-soñar-diseñar-ocupar un no lugar que no existe, pero que debiera existir si… En un inmenso ‘si’ condicional que brinda las pautas de todo lo deseable en cada caso. Por ello, también hay que prestarle atención a la toponimia. No resultan vanos los nombres, la innumerable lista de nombres que se han dado o atribuido a nuestras regiones. Porque al llamarlas o denominarlas se ha estado y se está tratando de asegurar cierto dominio principalmente simbólico de esos espacios.Este esfuerzo de convergencia y construcción implica suma de esfuerzos y de interlocución respetuosa, al tiempo que alerta máxima frente a las falacias naturalista e idealista. Ni tránsito descuidado de descripciones a prescripciones, ni lo contrario. Felizmente, estas dificultades y confusiones entre lo enunciativo y lo normativo suelen estar muy lejos de la tensión utópica. Confundir lo que es con lo que debiera ser o anhelamos que sea, es tanto como anular esa misma tensión, la cual surge justamente por la contraposición entre ser (indeseable) y deber ser (deseable, anhelado, soñado).
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Es esta tensión lo que remueve toda la estructura de nuestro imaginar-decidir-y-actuar cotidiano, estructura procesual consecuente, ante la cual no podemos evadirnos ni ignorarla. Lo que común y simplistamente ha sido visualizado como fuga utópica en realidad no es tal. Ni en cuanto al denominado ‘género’ utópico ni, muchísimo menos, en relación con la tensión utópica entre un statu quo intolerable y unos ideales ansiados de vida plena o de un mundo más acogedor.En este esfuerzo por ejercer en plenitud el derecho a nuestra utopía y dejar de ser sólo un aparente espacio disponible para las utopías ajenas (las de aquellos que, por cierto, jamás tomaron en cuenta nuestros derechos y más bien se impusieron siempre por la fuerza), requerimos un enconado compromiso en la reconstrucción de nuestra propia historia, de nuestras visiones de la misma, de nuestro propio pensamiento y filosofía, de nuestros ideales y nuestras búsquedas. Una reapropiación de la dimensión simbólica de nuestro locus o topos espacio-temporales.
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Fuimos colonia, espacio donde sólo se aplicaban decisiones tomadas en las metrópolis y, aun cuando se ejerciera la fórmula “se acata pero no se cumple” por parte de muchos funcionarios locales, siempre los intereses por ser satisfechos eran ajenos. Roto el vínculo colonial, permanecieron espacios neocoloniales. Puerto Rico es quizá la muestra más flagrante, con su ingeniosa noción de “estado libre asociado”, galimatías que abrió espacios de articulación política pero no logró avanzar en una independencia siempre postergada. Y el resto de la región, con himno, banderita, fuerzas armadas propias y supuestas soberanías en tanto monopolio de la violencia por parte del Estado en un territorio determinado (incluyendo mar territorial), sería visto como integrada por logrados Estados nacionales.
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Sin embargo, las decisiones siguieron tomándose en los centros, y estas periferias padecieron la dependencia con dominación.
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Ante el diagnóstico de estas específicas situaciones de dependencia, ya no coloniales ni neocoloniales, se reafirmó en el último tercio del siglo XX la necesidad de impulsar procesos de liberación que pudieran culminar así la independencia plena, la emancipación integral. En esos contextos, la reivindicación de la democracia en serio y no meramente procedimental –esa democracia plena en que la soberanía corresponde efectivamente a las ciudadanas y los ciudadanos, al pueblo político en el sentido fuerte del término, a ese sujeto colectivo que es el llamado a decidir efectivamente sobre su destino y exigir de sus representantes el cumplimiento eficiente, cabal, responsable, legal y, sobre todo, legítimo de sus mandatos– ha constituido el ideal más añorado en estos últimos decenios y la exigencia mayor de los días que corren.
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Claro que a esa dimensión va asociada la demanda de satisfacer en forma adecuada las necesidades básica y radicales de una sociedad harta de esperar y que, en no pocos ámbitos de la región, se ha decidido a organizarse para reinventar la política de cabo a rabo.
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Con todos los riesgos y ambigüedades que esto implica.En este contexto ha ido tomando forma también una percepción que poco a poco tiende a generalizarse, relacionada con la denominada deuda externa y que quizá convenga reconocer como deuda eterna.
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Para decirlo sin ambages: de supuestos deudores vamos cayendo en la cuenta de que somos acreedores. Esto porque es más lo que se ha extraído abusivamente de Nuestra América que lo que esta región se ha endeudado. Incluso intereses y deudas así estrechamente concebidas han sido pagadas ya con creces. En fin, renacimientos de la vida colectiva se procuran por las vías no violentas de reformas constitucionales. También intentos de renovaciones a fondo de las organizaciones institucionales se experimentan en casi toda la región. Su efectividad está por verse.
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La integración desde las bases de la sociedad y la constitución de una Nuestra América como sujeto protagónico de la relaciones internacionales sigue siendo una tarea pendiente.
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Probablemente, sin esa dimensión será imposible construir ese espacio donde la dignidad humana sea vivida a plenitud. La vía aparece abierta. La demanda es cada vez más clara y nítida. Las propuestas son nutridas cada vez más por la creatividad de inmensos sectores de masa de la población. Son, en definitiva, nuestros sueños diurnos. Y no es malo tenerlos; lo malo es no trabajar disciplinadamente para hacerlos realidad. Porque los sueños forman parte de la realidad y colaboran siempre en el modelado e interminable re-modelado de esa misma realidad.
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Nuestra realidad. De la que venimos, en la que estamos y la que necesitamos modificar. Es una tarea abierta, y nada ni nadie podrá clausurarla o diseñarla totalitariamente.
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Siempre estaremos allí, nosotros y las hijas y los hijos de nuestras hijas y nuestros hijos para procurar esa culminación tan añorada y, esperamos, merecida.
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El filosofar tiene en todo esto tareas nodales por cumplir. Sin su aporte crítico y autocrítico suele ser difícil lograr una mirada holística que permita denunciar sinsentidos y enrumbarse hacia sentidos apropiados.
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El filosofar está llamado precisamente a pensar esta realidad compleja para encontrar las grietas en la dominación, tanto interna como externa, y lograr ejercicios de ingenio a la búsqueda de concretar las transformaciones que no lleven a más de lo mismo sino a un futuro verdaderamente alternativo. Porque hay que evitar caer en el victimismo, atribuyendo todo a una causalidad reductivamente externa, y asumir lo que nos corresponde. La articulación de las tres instancias en que la temporalidad juega nos permite instalarnos en el espacio de modo protagónico.
Porque reconstruir la memoria del pasado ayuda a no reiterar como comedia lo sobrellevado como tragedia. Atisbar matinalmente el futuro nos permite enfrentarnos a visiones crepusculares donde la filosofía sólo cumple funciones justificadoras de lo dado (logrado, impuesto, establecido, consolidado).
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Así, como siempre, todo se juega en el presente.
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Ese presente constituido por una compleja articulación convergente de aquí y ahora es el espacio-tiempo fecundante, en el cual se gesta lo que viene, se reconstruye lo que fue y se disfruta lo que ocurre. Por eso no me cansaré de situar mi propio filosofar, y hasta de sugerir que cabe generalizarlo bajo el ámbito simbólico del colibrí con toda su carga y fuerza polisémica.
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Esta ave americana rompe con su pico la clausura de la flor y permite algo que, tanto en la teoría como en la práctica, resulta decisivo: no llegar tarde.
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Las demandas son muchas, las tareas inmensas, las responsabilidades asumibles y la creatividad fecundante. No podemos quedarnos en meras alegorías. ¡Manos a la obra y a compartir riesgos, logros y fracasos sin temor ni temblor, porque la vida humana merece vivirse a plenitud, y la dignidad humana de todas y de todos no es negociable ni canjeable bajo ningún aspecto!

domingo, 27 de junio de 2010

“El capitalismo sin control ni regulación no es la mejor receta”

El capitalismo sin control ni regulación no es la mejor receta”
Tomás Moulian (1939) es uno de los sociólogos chilenos con mayor reconocimiento dentro y fuera de su país. Militante comunista, profesor en la Universidad de Arcis, publicó en 1996 el ensayo Chile Actual. Anatomía de un mito (1996), un best seller de las ciencias sociales chilenas.
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En diálogo con La República, actualiza su mirada sobre el Chile actual de Piñera.
Por Enrique Fernández-Maldonado
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¿Qué implicancias conlleva la elección de Piñera —tras veinte años de gobierno de la Concertación— para la sociedad chilena?
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—Hay que partir señalando que los gobiernos de la Concertación representaron la continuidad del tipo de sociedad instalada por la dictadura militar. Este fue un dominio terrorista, pero dotado de un proyecto, en este caso neoliberal. Se empieza a desarrollar de manera acelerada desde 1975, cuando los economistas formados en la U. Católica y luego en Chicago se hacen cargo de los principales ministerios económicos. La aplicación de este programa generó un periodo de crecimiento sostenido entre 1976 y 1981-1982, momento en el que se produce una crisis mundial con repercusiones locales. De esa crisis la dictadura sale hacia delante, aplicando un programa más pragmático que el anterior.
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La Concertación prolonga el modelo neoliberal de Pinochet, intentando combinarlo con políticas de carácter social que se manifiestan en el discurso de “transformación productiva con equidad”. No se trata de un modelo distinto, sino de la prolongación del que había marcado la gestión económica previa al golpe militar.
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De hecho, durante el periodo de la Concertación se producen masivas privatizaciones de empresas públicas.
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El gobierno de Piñera continuará aplicando políticas neoliberales, administradas ahora por una coalición de sello neoliberal.
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Y por ser Piñera el representante de la derecha, aplicará esa política con menos conciencia de culpa que la Concertación.
—Han pasado más de diez años desde que publicó su libro Chile Actual. Anatomía de un mito.
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¿Qué continuidades o rupturas reconoce con el Chile de nuestros días?
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—Publiqué Chile Actual: Anatomía de un mito a mediados de 1997. Ese libro tuvo un éxito de ventas sorprendente por tratarse de un ensayo social. Ello se debió a que fue el primer análisis crítico que engloba el periodo de la dictadura militar y el de la llamada transición, poniendo de relieve, por ejemplo, los efectos del consumismo sobre el comportamiento de los individuos y analizando el sistema político reinstalado en 1987, como una democracia de baja intensidad.
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Los veinte años de la Concertación no cambiaron el tipo de sociedad neoliberal organizada por los militares.
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A la Concertación le cupo negociar reformas que eliminaron algunos aspectos controvertidos de la Constitución, pero sin intentar crear una nueva.
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Todavía hoy sigue vigente el sistema electoral binominal, que dificulta la aparición de nuevas fuerzas políticas al margen de las dos grandes coaliciones. No veo, por tanto, rupturas. Hace unos días, el ex ministro de Interior y Defensa de Bachelet, Francisco Vidal, mostró el papel preponderante jugado por los ministros de Hacienda, de clara orientación neoliberal, en la elaboración de las políticas públicas y en la conducción gubernamental. No he escrito una segunda parte de Chile Actual porque estaría obligado a repetir buena parte de los análisis que ese texto contiene.—Chile es visto en la región como un referente de crecimiento y desarrollo.
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¿Qué aspectos del “modelo chileno” podrían retomar otros países de la región? —Chile realizó el ciclo de neoliberalización antes que otros países de América Latina, incluso antes que los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. En la actualidad ese proceso tiene un carácter mundial, pues se ha convertido hoy en la forma del desarrollo capitalista. Por tanto, el caso chileno ha perdido su carácter de referente. Lo que debe subrayarse es que, pese a eso, Chile representó un caso exitoso de combinación entre neoliberalización reforzada de la sociedad y funcionamiento de un sistema de democracia representativa, vigente desde 1987-1988.
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Está por verse si el gobierno de Piñera representa el acomodo de la derecha a la sociedad que durante veinte años administró la Concertación.
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El gobierno actual está negociando un plan de reconstrucción que perfectamente pudo ser presentado por los anteriores gobiernos.
—¿Dónde ubica la política exterior chilena: más cerca del bloque liderado por Brasil, Venezuela y Argentina en la región, o a los países ideológicamente afines a EEUU (como Perú y Colombia)?
—Piñera ha realizado sus primeras actividades de política exterior acomodándose a algunas decisiones que lo acercan a Brasil y Argentina. Por ejemplo, aceptó (con muchas menos vacilaciones que las que hubiera tenido la Concertación) el nombramiento de Néstor Kirchner en la Secretaría General de Unasur. Sin embargo, a la larga el gobierno de Piñera se alineará con los países más cercanos a las posiciones de EEUU.—Los presidentes Piñera y García coincidieron en la Cumbre Unión Europea–ALC, en Madrid, e intercambiaron opiniones en torno a una supuesta carrera armamentista en la región.
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¿Cómo leer estas declaraciones a la luz de la demanda interpuesta por el Perú ante la Corte de La Haya?
—El gobierno de Bachelet prácticamente congeló las relaciones con Perú, en respuesta a la presentación realizada ante la Corte de La Haya. La administración de Piñera ha reactivado las conversaciones e incluso ha aceptado debatir el tema de la carrera armamentista en la cual Chile ha sido implicado. Creo que la administración Piñera mantendrá una política de conversaciones con Perú, pues para los sectores empresariales chilenos se trata de un país muy importante, especialmente en materia de intercambios económicos.
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—La crisis global actualizó el debate sobre el fin del neoliberalismo.
¿Qué tipo de modelos “alternativos” se estarían construyendo desde los gobiernos “progresistas”?
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—Se ha dicho que la crisis en desarrollo ha sido la más importante que afectó al capitalismo desde 1929, la cual suscitó la llamada respuesta “keynesiana”. La importancia de esta crisis es que pone en jaque el optimismo respecto al modelo, mostrando que las economías demasiado desreguladas están más próximas a las crisis que las otras. Esta crisis es una demostración que el mercado solo no arregla ni ajusta todo; que las autoridades deben realizar políticas públicas reguladoras, sin las cuales las economías pueden irse a pique. La situación actual muestra que el capitalismo neoliberal, sin controles y regulaciones, no es tampoco una buena receta.
—¿Cómo ve a la izquierda en su país? ¿Puede Ominami ocupar el espacio electoral que perdiera recientemente la Concertación?—
Una izquierda futura debe reconstruir alianzas de centro izquierda de nuevo tipo. En primer lugar, más inclusivas que las existentes, pues ellas dejaban fuera a las fuerzas más a la izquierda que la Concertación. Ese tipo de bloque debe ser por los cambios, debe postular una plataforma de profundización de la democracia.
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Ahora tenemos una democracia representativa con casi nula participación, más allá de las elecciones. Esa situación debe ser modificada. La izquierda debe estar a la cabeza de las demandas para que todo el pueblo participe. Solo así la soberanía popular tiene sentido. Lo fundamental es que los ciudadanos puedan discutir, plantear sus puntos de vista, incidir en la elaboración de los presupuestos a todos los niveles, del país como un todo, de las regiones, de los municipios. Opinar sobre todas las políticas públicas, incluidas las relacionadas con la defensa nacional. El problema no son los nombres. Lo central es la plataforma: la izquierda a la cabeza de las demandas participativas.

García reajustará gabinete en julio por renuncia de varios ministros

Se estima que días antes o días después del 28 de julio se concretarán los cambios en el gabinete ministerial, pero no como consecuencia de una crisis política, que no existe, sino por las pretensiones de algunos ministros de postular al Congreso de la República para el periodo 2011-2016.
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Si los cambios se ajustan a los calendarios electorales, el nuevo gabinete debería jurar en octubre, pero tendría menos de seis meses para trabajar.
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Oficina Nacional de Procesos Electorales: ministros pueden renunciar hasta 60 días antes de elecciones .
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La relación la encabeza el propio jefe del gabinete, Javier Velásquez Quesquén, quien intentará repetir la elección congresal por Lambayeque, su tierra natal. Asimismo, los titulares de la Mujer, Nidia Vílchez; de Transportes y Comunicaciones, Enrique Cornejo; de Educación, José Antonio Chang. Vílchez lo confirmó a un medio local, aunque se cuidó en señalar que la última palabra la tiene el presidente García.
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Entre los renunciantes también se menciona al titular del Interior, Octavio Salazar, quien aspiraría a postular como invitado en la lista aprista para el Parlamento.
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Hay otros dos ministros políticos en el gabinete: Óscar Ugarte, del Partido Humanista; y Rafael Rey, líder del Partido Renovación Nacional.
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Se desconoce si Ugarte intentará ganar una curul.
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Rey descartó de plano cualquier intención de retornar al Parlamento.

sábado, 26 de junio de 2010

El Perú avanza (en hoja de coca)

Vie, 25/06/2010

Por Augusto Álvarez R.
Pero eso no parece interesarles a muchos en el país.
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Se puede debatir si ahora somos el primer o segundo productor mundial de hoja de coca, pero de lo que no hay duda es de que, en esto, el Perú (también) avanza, lo cual no parece preocuparles a muchos en el país.
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El debate se suscitó luego de que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) divulgara un informe que concluía que el Perú se convirtió en el año 2009 en el primer productor mundial de hoja de coca, al registrar 119 mil toneladas métricas frente a 103 mil de Colombia. Esto ocurrió justo el mismo día en el que estaba en Lima David Johnson, el subsecretario para asuntos de narcóticos de Estados Unidos.
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Las autoridades peruanas –desde el presidente Alan García hasta el presidente de Devida, Rómulo Pizarro, pasando por el canciller José Antonio García Belaunde– salieron a rebatir esa conclusión, lo cual obligó a UNODC a hacer una rectificación.
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De acuerdo con la misma, las cifras divulgadas se obtuvieron midiendo conceptos distintos: los colombianos, la hoja secada al horno (que es como trabaja habitualmente el narcotráfico en ese país); y en el Perú, la hoja secada al sol.
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Si se midiese en ambos casos el volumen de hoja secada al sol, Colombia, con 149 mil toneladas, estaría primero que el Perú, con 128 mil. De estas, 9 mil toneladas de hoja fueron destinadas al ‘consumo legal’ (mascado o para infusiones), lo que explica la cifra de 119 mil toneladas reportadas en el informe de UNODC. Asimismo, en el año 2009, el Perú registró casi 60 mil hectáreas de hoja de coca (lo que significa un aumento del 6,8% con respecto a 2008), frente a 68 mil hectáreas de Colombia.
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Seguramente no somos, entonces, el primer país del mundo, pero de lo que no debiera haber duda es de que el fenómeno del narcotráfico sigue avanzando en el Perú.
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Se estima que el narcotráfico deja a las ‘firmas’ locales entre US$2 mil millones y US$6 mil millones, un monto que crece año a año y que conforma una chequera lo suficientemente gorda como para hacer shopping de lo que sea necesario para su avance, incluyendo congresistas, presidentes regionales, alcaldes, ministros, jueces, fiscales, policías, periodistas y, en fin, todo lo que sea necesario para el avance de sus intereses ilegales.
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Es evidente que un fenómeno de ese tipo pervierte al país de muchas maneras muy profundas, tal como se constata ahora en México, un ‘modelo’ al que nos vamos acercando lento pero seguro.
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¿Interesa eso a alguien? No, al menos, como debiera –por constituir una amenaza relevante para la gobernabilidad del país– en el gobierno, los candidatos presidenciales o la comunidad empresarial local. Después, no se quejen.