viernes, 12 de febrero de 2010

Mario Huamán: Precarización laboral durante el gobierno aprista


Mientras el presidente García pregona sobre una supuesta modernidad y crecimiento económico, en el ámbito laboral conocidas empresas privadas y el propio gobierno vulneran los derechos humanos de miles de trabajadores que son despedidos u hostilizados por exigir que se respete la ley.
Esta violación del sistema laboral nacional e internacional afecta al país, debido a que se paga menos impuestos al recortarse los derechos laborales.
Asimismo, impide al Estado solventar los gastos en salud, Educación, seguridad y otros servicios públicos.
Además se debilita la economía porque las familias se ven en la necesidad de disminuir su consumo y ahorro. Durante el gobierno aprista se ha profundizado el incumplimiento de la legislación laboral. Los trabajadores ejercen su labor sin contratos escritos o por “recibos por honorarios” disfrazando una relación de dependencia, además de estar obligados a trabajar más de ocho horas diarias en precarias condiciones.
Se ha generado despidos colectivos en el último año bajo el pretexto de la crisis económica, usándose la modalidad de “no renovación de contratos”, afectando principalmente a trabajadores con más de cuatro años de servicios y que se han sindicalizado. A esto se suma, el incremento de las prácticas antisindicales y del paralelismo con la formación de sindicatos “amarillos” promovidos por los jefes de recursos humanos.
Las negociaciones colectivas se entrampan debido a que la mayoría de empresas no desean brindar condiciones de trabajo de manera equitativa y razonada.
Hay que resaltar también las irregularidades y obstáculos que se ponen en el ministerio de Trabajo para entregar el Registro Sindical y el atraso de las inspecciones laborales, cuyos resultados coinciden “extrañamente” con los criterios empresariales.
Son innumerables los gremios que junto a la CGTP se enfrentan en una lucha desigual contra el poder económico y la indiferencia del gobierno aprista.
En ese sentido, exigimos solución a las demandas de los trabajadores de Hermes, Bimbo, Iza Motors, Acinsa, Sencico, Pronaa, San Ignacio (Backus), Clínica Montefiori, Universidad Cayetano Heredia, Candados peruanos, Paramonga (Grupo Wong), Orus, Et Granel, Yeso La Limeña, San Fernando, Industria El Espino, Servicios Cobranzas e Inversiones (Scotiabank), Laive, Andahuasi, Molitalia, Kola Real, Ambev Peru, etc.
Expresamos nuestra solidaridad con los trabajadores estatales y su derecho a un aumento de sus remuneraciones, especialmente para los integrantes de la Policía Nacional, cuyas demandas y protestas son justas y legítimas.

Por Sinesio López Jiménez: Los modelos y la política

12/02/2010
El modelo económico neoliberal vuelve al debate.
Los economistas de la PUCP (Waldo Mendoza, Pedro Fran-cke, Óscar Dancourt, Félix Jiménez, José Oscátegui, Germán Alarco), de Actualidad Económica (Armando Mendoza) y Ricardo V. Lago, economista español que tuvo que ver con la instauración del modelo neoliberal extremo en los 90, han esgrimido argumentos a favor y en contra.
Manteniendo un excelente nivel académico, la discusión es, sin embargo, asequible a los no iniciados. Queda claro que no existe un solo modelo de crecimiento, que el neoliberalismo extremo es sólo uno más (con resultados discutibles) y que entre los polos del mercado y del Estado caben otros modelos posibles.

Me permito citar in extenso el excelente artículo de Óscar Dancourt para situar y entender mejor el debate: “El desempeño macroeconómico (…) de economías poco industrializadas como las del Perú (…) depende de tres factores independientes entre sí:
1) el contexto externo (precios mundiales de materias primas altos o bajos, entrada o salida de capitales extranjeros, la economía mundial crece o no),
2) la política macroeconómica a cargo del banco central (…) y del fisco (…) y, por último,
3) el modelo de crecimiento que se refiere a un conjunto de rasgos estructurales de la economía (cuánto Estado y cuánto mercado, cuánta industria manufacturera y cuánta exportación primaria, cuánta protección arancelaria y cuánto libre comercio, cuánto sindicalismo y cuánta represión laboral, cuánta dolarización y cuánta desregulación financiera, libre movilidad de capitales o no, cuán extensa y eficaz la red de protección a los pobres y cuánta redistribución vía impuestos desde arriba hacia abajo, etc)”.
“El error más común es atribuir el desempeño macroeconómico al modelo, olvidando el papel que juegan los otros dos factores. Es claro, sin embargo, que para comparar dos modelos distintos hay que descontar el efecto positivo o negativo que el contexto externo y la política macroeconómica tienen sobre el crecimiento del empleo y la producción, la inflación y la pobreza. Si esto no se hace, podemos elegir como el mejor modelo al que, en realidad, es el peor”.
El debate de los economistas se mueve en un nivel tecnoeconómico. El riesgo es que se quede allí. Ningún modelo de crecimiento es viable si no hay una correlación social y política de fuerzas que lo haga viable. El neoliberalismo extremo se impuso no sólo por la desastrosa situación económica de algunos países de AL sino gracias al impulso de los poderes fácticos (organismos financieros internacionales, inversión extranjera, burguesía local, medios) y a la derrota de la izquierda, de los sindicatos y los movimientos sociales.
En otros países (como Brasil) la élite estatal y los partidos de centro y de izquierda impulsaron una economía de mercado abierta a un papel activo y eficiente del Estado alcanzando resultados satisfactorios. En toda AL el tipo de la relación entre economía de mercado y Estado depende de la relación social y política entre las fuerzas conservadoras y las progresistas y de izquierda.
Así fue también en el pasado si se miran los diversos modelos de crecimiento y desarrollo. En la industrialización temprana (Inglaterra, Francia, Estados Unidos) jugó un papel central el mercado y los empresarios privados, en la tardía (Alemania, Japón y en parte Italia) el impulso central estuvo en manos del Estado y la banca privada.
En donde la cosa no funcionó fue en las industrializaciones postardías de Hirschman (España, Portugal, Grecia y en América Latina) en las que el rol activo del Estado no obtuvo los resultados esperados. Pero en los llamados tigres asiáticos una élite estatal muy calificada (con estudios en las mejores universidades del mundo) y reclutada en base al mérito logró formular proyectos agresivos de industrialización, comprometió a las élites privadas y consiguió los resultados que todos conocemos.

Se requiere liderazgo para zanjar la crisis militar-policial

La advertencia fue oportuna y clara: el problema de los sueldos policiales y militares no se debe seguir tratando de manera improvisada porque, mientras más se demore la solución integral, lo único que se está haciendo es inflar un globo negro que, tarde o temprano, puede estallar con peligrosas consecuencias políticas para la República.
Un primer síntoma de ello es el enfrentamiento entre miembros del gobierno aprista, tal como, destempladamente, lo evidencian las diatribas lanzadas por el canciller García Belaunde y la ministra de la Mujer y Desarrollo Social, Nidia Vílchez, en contra del primer vicepresidente y aliado electoral del oficialismo, almirante (r) Luis Giampietri, quien a su turno ha sido poco cauto.
TEMA PENDIENTE
El recuento del caso no deja lugar a dudas: este gobierno no ha avanzado en el tema hipersensible de los sueldos y pensiones militares y policiales tal como se comprometió en su plan para el mandato 2006 – 2011. Peor todavía si se recuerda que el propio presidente de la República reiteró ese compromiso ante la Asociación de Oficiales Generales (Adogen) y ante los altos mandos de los tres institutos armados y de la PNP.
Además, durante la gestión de los ministros de Defensa Allan Wagner, Ántero Flores- Aráoz y Rafael Rey se trabajaron propuestas económicas que generaron expectativas crecientes, pero nunca se implementaron ni para incrementar los ingresos del personal en actividad y en retiro, ni para afrontar la sempiterna crisis de la Caja de Pensiones Militar-Policial.
Debido a esa inacción en el Congreso —y con apoyo aislado de algunos oficialistas— se lanzaron propuestas que pueden ser bien intencionadas, pero que nada solucionan realmente, como el bono extraordinario y un incremento mínimo de remuneraciones.
Con la lógica de cautelar el Tesoro Público y no financiar gastos insostenibles en el tiempo, el Ministerio de Economía indujo a que el Ejecutivo observase tal proyecto, pero sin dar soluciones, y centró el caso en un ángulo espinoso como el de la cédula viva. *TENSIONES ACUMULADAS*Ante el empantanamiento, y luego de largos años de reclamaciones desatendidas, el conjunto de militares y policías ha hecho conocer su malestar a través de las respectivas agremiaciones. Incluso se está insistiendo en la posibilidad de un paro el próximo mes de abril.
En este contexto es que, en vez de convocar a un mecanismo de concertación urgente y prudente, desde el oficialismo se lanzan las diatribas en contra de su propio aliado electoral, en lo que parece ser una peligrosa comedia de insensateces. A su turno, el mismo Giampietri persiste en una actitud que, si bien puede entenderse en un marino que defiende la institución castrense, peca de imprudente al romper lo que debe ser la unidad conceptual de un gobierno.
Y mientras ello ocurre, en la base de los militares, sobre todo retirados, ya se oyen prédicas que ahondan más el descontento.
SOLUCIONES INEVITABLES
La historia demuestra que los problemas políticos y sociales nunca se resuelven por obra de un milagro. Por eso hoy, en vez de relativizar la gravedad de la crisis, se necesita que el gobierno de una vez por todas convoque a los interesados y se ponga a trabajar en una solución integral del caso.
Esa solución no puede centrarse únicamente en la cuestión salarial. El problema policial y militar tiene un marco mucho mayor, que consiste en que el poder político democrático defina qué tipo de FF.AA. y policía requiere nuestra patria. Sobre esto hay antecedentes importantes: la misión francesa que organizó al Ejército —hasta entonces desarticulado— en 1896; y las misiones, una norteamericana y otra española, que reorganizaron la Marina de Guerra y la Guardia Civil en la década de 1920. Hoy, claro, no se necesitan misiones extranjeras, pero sí una reforma profunda que supere la dicotomía civil-militar.
Precisado eso debe procederse a la modificación de todo el esquema remunerativo con plazos y metas, sin plantear homologaciones imposibles en un Estado que todavía padece de mucho desorden en su servicio público. Solo entonces sí podrá exigirse que se subsane el vacío constitucional en torno a la cédula viva, que hoy objetivamente cautela más el interés de los jefes y oficiales en retiro, antes que el de los subalternos.
Consideramos además, que nadie en su sano juicio podría objetar una reforma integral, incluyendo la pérdida de algunas prerrogativas, si el Gobierno perfila por lo menos una luz al final del túnel. O, dicho de otro modo, sí es factible llegar a acuerdos para que la solución económica no sea traumática para el fisco, sino que pueda financiarse en un plazo prolongado, tal como en su momento se hizo con la deuda externa.
LA DEUDA SOCIAL
En la base del raciocinio político que debe orientar la búsqueda de soluciones, subyace un principio que nadie debe olvidar: este gobierno no puede dejar de atender la gravísima deuda social que se ha venido acumulando a los largo de muchas décadas.
En el caso de los militares es cierto que especialmente bajo el montesinismo se permitieron esquemas de corrupción; pero la sanción a las cúpulas de entonces no debe hacer que se pierda de vista el derecho legítimo a remuneraciones y pensiones jubilatorias decentes de quienes visten el uniforme de la patria y ponen en riesgo su vida. Miles de familias dependen de que el Estado —por definición único y continuo en el tiempo— honre la deuda que tiene con ellas.
Hay, claro, muchos otros casos, pero también está, por ejemplo, el de los maestros de las universidades públicas que —proporcionalmente a los militares y policías, aunque sin la misma capacidad de protesta— necesitan que se los atienda.
El Comercio invariablemente está de acuerdo en que no se afecte el equilibrio fiscal, que se actúe con responsabilidad en la administración estatal y que no se hipoteque el futuro con medidas populistas.
Pero El Comercio también está invariablemente alineado con las grandes causas populares y hoy reitera lo que ha dicho a lo largo de sus 170 años de existencia: los problemas del Perú deben resolverse oportunamente y bajo compromiso de quienes tienen las riendas del poder democrático, porque literalmente patear los casos complicados para que los atienda el siguiente gobierno es una actitud irresponsable

miércoles, 10 de febrero de 2010

Dra. margaret Chan -OMS : Presentación del informe Las mujeres y la salud: los datos de hoy, la agenda de mañana

Presentación del informe Las mujeres y la salud: los datos de hoy, la agenda de mañana

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Estimados colegas del sistema de las Naciones Unidas, estimados colegas del sector de la salud pública, distinguidos representantes de la sociedad civil, señoras y señores:
Lo que se puede medir, se puede hacer.
Encargué que se preparara este informe sobre la mujer y la salud con el propósito de reunir un conjunto de datos básicos sobre la salud de las mujeres y las niñas a lo largo de toda su vida en distintas partes del mundo y en distintos grupos de población en los países.
Lo hice convencida de que la salud de la mujer se ha descuidado, de que esa desatención constituye un grave obstáculo al desarrollo y de que la situación debe mejorar. También lo hice convencida de que la importancia de la mujer va más allá de su papel de madre.
Mi convicción está respaldada por mi compromiso. Cuando tomé posesión de mi cargo a comienzos de 2007, hice de la salud de la mujer y la población de África mis prioridades fundamentales. Son muchos los factores que inciden en los resultados sanitarios de esos dos grupos, por lo que las mejoras registradas constituyen una buena medida de los resultados generales de la OMS.
En el informe que nos ocupa se observa claramente que el estado de salud de las niñas y las mujeres en el África subsahariana es, prácticamente desde todo punto de vista, el peor del mundo entero. Les daré sólo un ejemplo: en los países ricos, el riesgo de muerte prematura de las mujeres de 20 a 60 años es de un 6%. En el África subsahariana ese riesgo es del 42%, es decir, siete veces superior.
Antes de intervenir ante cualquier problema de salud, es preciso hacer balance de la situación. Para que las políticas de cambio sean eficaces tienen que abordar las esferas en que los progresos son insuficientes, en que no se satisfacen necesidades concretas, en que hay muertes y enfermedades evitables o en que las tendencias observadas a lo largo del tiempo suscitan preocupación.
Cuando comparamos la salud de las mujeres y los hombres, ¿qué diferencias observamos y qué significan esas diferencias? Cuando comparamos a las mujeres de distintas regiones, culturas y grupos de ingresos, ¿qué desigualdades hay en los resultados sanitarios y cuáles son las tendencias? En los casos en que existen desigualdades, ¿sabemos a qué se deben?
Con el análisis epidemiológico de los datos disponibles, este informe sobre la mujer y la salud refuerza mi convencimiento de que muchas necesidades de salud de la mujer están desatendidas y afianza mi compromiso de llamar a la acción y dirigir una respuesta orientada a fines concretos.
Quisiera ser muy clara desde el principio. Como se puede ver en el informe, los factores que impiden que mejore la salud de la mujer no son de carácter fundamentalmente técnico o médico. Son de tipo social y político, y ambos corren parejos.
No lograremos progresos importantes mientras se siga considerando a las mujeres ciudadanas de segunda clase en tantos lugares del mundo. Tampoco lograremos grandes progresos mientras las mujeres queden al margen de las oportunidades educativas y laborales, mientras se les pague un salario inferior o no se remunere su trabajo, mientras se les niegue el derecho a la propiedad, mientras sean víctimas de la violencia, mientras no puedan disponer de los ingresos del hogar y mientras no tengan libertad para gastar dinero en atención sanitaria, ni siquiera para salvar su propia vida.
No lograremos progresos importantes mientras tantas mujeres acepten su situación de inferioridad, la sufran y la padezcan. En muchas sociedades son los hombres los que tienen el control político, social y económico. El sector de la salud no debe ser ajeno a ello. Esa desigualdad en las relaciones de poder se traduce en un acceso desigual a la atención de salud y un control desigual de los recursos sanitarios.
De hecho, evaluar los resultados sanitarios relativos a las niñas y las mujeres constituye una manera fiable de cuantificar la verdadera repercusión de la baja situación social de la mujer. Y éste debe ser nuestro punto de partida.
Lo que se puede medir, se puede hacer. Este informe ha medido el profundo impacto que la situación social tiene en la salud de las mujeres y las niñas.
Ahora que sabemos a qué nos enfrentamos, ¿qué hacer para avanzar? Les puedo asegurar que no es tarea fácil. En el terreno de la salud pública es posiblemente más fácil distribuir medicamentos y mosquiteros, y llevar a cabo intervenciones sanitarias, incluso a gran escala, que cambiar actitudes y comportamientos, sobre todo comportamientos sexuales, combatir la discriminación y mejorar la situación de la mujer.
Las sociedades crean relaciones de desigualdad y las políticas en vigor las sustentan. Eso puede cambiar.
Señoras y señores:
Examinemos algunos de los datos disponibles.
Gracias a este informe empezamos a conocer algunas tendencias y a obtener algunas repuestas. Ahora bien, si decidimos basar nuestras iniciativas en los datos objetivos y las respuestas, no hemos hecho sino empezar. La salud de la mujer también está desatendida por parte de la comunidad de investigadores y los servicios de estadística.
Uno de los resultados más sorprendentes del informe es la escasez de datos estadísticos sobre problemas de salud fundamentales que afectan a las niñas y las mujeres, sobre todo en los países en desarrollo.
La vida de las niñas comienza con una ventaja biológica. Por lo general, las mujeres viven de seis a ocho años más que los hombres. Como se indica en el informe, la tasa de mortalidad de las lactantes y las niñas pequeñas no es superior a la de los niños. Los programas de inmunización en la infancia no presentan ninguna desigualdad de género en cuanto a la cobertura, es decir, las niñas reciben la misma protección que los varones.
Sin embargo, si examinamos los datos a lo largo de la vida, esa situación inicial se modifica y los efectos de la inferioridad social de la mujer se hacen evidentes.
El informe revela que hasta un 80% de todos los cuidados de salud y el 90% de la atención de enfermedades relacionadas con el VIH/Sida son prestados en el hogar, casi siempre por mujeres. La mayor parte de ese trabajo no recibe apoyo, no se reconoce y no está remunerado.
A nivel mundial, más de 580 millones de mujeres son analfabetas, cifra casi dos veces superior a la correspondiente a los hombres. El impacto de la situación educativa en la salud de las mujeres y sus familias está muy bien documentado. ¿Cómo podemos tolerar esa enorme diferencia en una esfera que entraña oportunidades tan grandes?
En los países en desarrollo, sobre todo de Asia, el 38% de las niñas contraen matrimonio antes de los 18 años y el 14%, antes de los 15. Si esas jovencitas tienen suerte, los servicios de salud podrán gestionar al menos algunos de los conocidos riesgos sanitarios asociados a la maternidad precoz. Ahora bien, la salud pública no puede prevenir los matrimonios a edad temprana.
Estos son problemas sociales y políticos, que superan los límites de la sanidad pública y son demasiado amplios y están demasiado imbricados en normas sociales y culturales para poder resolverlos únicamente con intervenciones técnicas o médicas o con las tan necesarias reformas de los sistemas de salud.
Las sociedades y los dirigentes políticos que las gobiernan deben primero decidir que la salud de las mujeres importa. Naturalmente, la salud pública puede hacer algunas cosas. Podemos promover un mejor acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva. Podemos hacer algo en relación con el cáncer de cuello de útero o los riesgos de contraer las muchas enfermedades crónicas que afectan a la mujer en una etapa más avanzada de su vida. Podemos elaborar estrategias técnicas precisas para reducir las defunciones asociadas con el embarazo y el parto.
Todos estos esfuerzos, en última instancia, no tendrán más que unas repercusiones parciales y limitadas porque no abordan las causas fundamentales de las necesidades de salud no atendidas de las mujeres y las niñas. Esas causas radican en actitudes, normas, y comportamientos sociales y en las políticas que las perpetúan.
Cuando se compara el estado de salud de las mujeres de países de ingresos altos y de ingresos bajos, los resultados son predecibles y elocuentes. En todas las regiones y grupos de edad, las mujeres y las niñas de los países de ingresos más altos presentan niveles de mortalidad y morbilidad inferiores a los de las que viven en países de ingresos bajos.
Es tentador concluir que la pobreza es el determinante más importante de los problemas de salud de la mujer, y que, a medida que las economías crecen, los países se modernizan y los ingresos aumentan, los problemas automáticamente van desapareciendo en forma progresiva por sí solos. Si bien es cierto que la pobreza es importante, hay datos objetivos que señalan muchos otros factores.
Las mujeres presentan algunas vulnerabilidades biológicas, relacionadas con sus funciones reproductivas, que las hacen más propensas a correr ciertos riesgos de salud. Hace muchísimo tiempo que lo sabemos. Pero ¿acaso la biología determina toda la vida de la mujer, antes y después de los años fértiles? Los mejores resultados de salud que presentan los grupos de ingresos altos indican que la respuesta es no.
Ciertamente, la biología no puede explicar por qué el 99% de la mortalidad materna se concentra en los países en desarrollo. La biología tampoco puede explicar por qué los problemas de salud y las causas principales de mortalidad y discapacidad difieren tan espectacularmente entre las mujeres de los grupos de ingresos altos y de ingresos bajos.
En los países de altos ingresos, las enfermedades crónicas, como cardiopatías, ictus, demencias y cánceres, predominan entre las 10 causas principales de defunción, y a ellos se deben más de cuatro de cada 10 fallecimientos de mujeres.
En los países de bajos ingresos, las afecciones maternas y perinatales, las infecciones del tracto respiratorio inferior, las enfermedades diarreicas y el VIH/Sida ocasionan casi cuatro de cada 10 defunciones de mujeres. Por el lado positivo, hay que decir que se dispone de herramientas para prevenir o tratar rápidamente todas estas patologías.
Esto apunta a otro problema: la desatención de las necesidades de las mujeres por parte de los servicios de salud. El cáncer de cuello de útero es un claro ejemplo de lo que significa la falta de un acceso equitativo a los servicios de salud. El cáncer de cuello de útero es el segundo tipo de cáncer más común entre las mujeres en el mundo entero. Alrededor del 80% de los cánceres de cuello de útero y una proporción aún mayor de defunciones por esta causa ocurren en países de bajos ingresos. Se trata de un cáncer que puede prevenirse mediante vacuna, detectarse precozmente mediante examen, y tratarse tempranamente con buenos resultados.
En los países en desarrollo, las complicaciones del embarazo y el parto son la causa principal de defunción y discapacidad entre las mujeres de 15 a 19 años. Los abortos peligrosos contribuyen sustancialmente a esas defunciones. Por ello, es urgente la necesidad de mejorar el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva.
Como hemos dicho, las mujeres por lo general viven más que los hombres, pero su vida no es necesariamente saludable o feliz. Como se indica en el informe, las mujeres son más susceptibles que los hombres de sufrir depresión y ansiedad. Se estima que 73 millones de mujeres adultas en todo el mundo padecen algún episodio importante de depresión cada año. Si bien las causas de las enfermedades mentales varían de una persona a otra, la baja situación social de la mujer, su carga de trabajo y la violencia que padece, son factores coadyuvantes.
La globalización de modos de vida poco saludables ejerce una fuerte influencia en estas tendencias que se observan en todas partes. La ventaja de la mujer en cuanto a esperanza de vida se está perdiendo en algunas partes del mundo. A la malnutrición como factor de riesgo de malos resultados en el embarazo se suman ahora la hipertensión, el colesterol elevado, el consumo de tabaco, la obesidad y la violencia.
Las enfermedades cardiovasculares, consideradas durante mucho tiempo una afección masculina en las sociedades ricas, es ahora la principal causa de fallecimiento de las mujeres mayores en casi todas partes.
Señoras y señores:
Hace mucho que sabemos que a medida que mejora el nivel de vida, mejora la salud. Pero éste es habitualmente un proceso gradual que se extiende a lo largo de un lapso considerable.
En los últimos decenios se han observado algunos progresos sorprendentes respecto de la mujer. Su esperanza de vida ha aumentado de apenas 51 años a principios del decenio de 1950 a 70 años en 2007, frente a 65 años para el hombre. La utilización de métodos anticonceptivos en los países en desarrollo ha pasado del 8% en el decenio de 1960 al 62% en 2007. Ahora las mujeres suelen contraer matrimonio más tarde, tener más tarde su primer hijo y vivir más tiempo.
Es, en efecto, un progreso sorprendente, pero ha ocurrido en un lapso también sorprendentemente largo.
Alrededor del 85% de la población mundial de 3300 millones de mujeres vive en países de ingresos medios y bajos. Si bien la pobreza es un factor importante, en el informe también se establece un vínculo directo entre la discriminación contra la mujer y su situación de inferioridad en materia de salud.
Si se priva a las mujeres de la oportunidad de desarrollar todo su potencial humano, incluidas las posibilidades de llevar una vida saludable y, al menos, algo más feliz ¿está verdaderamente sana la sociedad? ¿Qué nos dice esta situación acerca del estado del progreso social en el siglo XXI?
El llamamiento a la acción debe trascender el sector de la salud y llegar a otras áreas como la educación, el transporte, el empleo, y los marcos jurídico y judicial. Fundamentalmente, se trata de un llamamiento para la programación y adopción de políticas centradas en la mujer en todos los sectores, con un enfoque que abarque todas las instancias decisorias.
Por sobre todo, la atención primaria de salud, con su hincapié en la equidad, la justicia social y la posibilidad de que todos hagan oír su voz, ofrece la oportunidad de marcar una diferencia mediante el cambio de las políticas. Y necesitamos la voz y el peso de la sociedad civil para exigir responsabilidad a los dirigentes políticos.
Al presentar este informe, la OMS pretende iniciar un amplio diálogo de política a fin de elaborar una agenda para el cambio tanto dentro del sector de la salud como mucho más allá de él.
Por último, cabe señalar que no hay una receta mundial para el cambio. Los programas de acción deben adaptarse a los distintos contextos. Como se señala en el informe, los problemas de salud de la mujer varían considerablemente entre los países y las regiones. Por ejemplo, el embarazo de las adolescentes es motivo de gran preocupación en muchos países. En otros, en cambio, es necesario abordar el problema del suicidio de las mujeres que ingieren plaguicidas. Esta es una forma horrible de morir y una señal clara de una miseria extrema e insoportable.
Tenemos que estar alerta a estos signos y responder con compasión y darnos cuenta de que son rasgos distintivos de lo que significa ser mujer en cualquier parte, en cualquier momento.
Gracias.
Dra. Margaret ChanDirectora General de la Organización Mundial de la Salud

La perpetua agonía. Por Baily

La perpetua agoníaEscribe: Jaime BailyLos nacionalistas dicen que aman al Perú. Yo no amo al Perú. Me encantaría, pero no puedo. El Perú son millones de personas. No puedo amar a tanta gente.No soy tan amoroso. No me alcanza el amor. No puedo amar a gente que no conozco. Ni siquiera puedo amar a mucha gente que conozco. Si no consigo amar a mis padres, no sé cómo podría amar a todos los peruanos. Es demasiado. Yo amo a mis hijas, pero no al Perú. No puedo amar a tanta gente. No puedo amar a un país entero. (Ribeyro escribió: "El verdadero amor, en la medida en que excluya toda reciprocidad y recompensa, sólo se da en la vía consanguínea. Todo el resto es desvarío, ilusión o accidente").Yo no soy nacionalista. No quiero más al país en que nací por decisión de mis padres, que a otros países que conocí en ejercicio de mi libertad. Se quiere a los países en los que se ha sido feliz. Se quiere a los países que uno admira, a los que uno agradece ciertas cosas, en los que uno se siente cómodo de estar en mayoría o, más importante aún, de estar en minoría. Yo admiro más a otros países que al país en que nací. He sido más feliz en otros países (Estados Unidos, Argentina, España) que en el Perú. Pero tampoco creo que sea exacto decir que amo a esos países, a ningún país. Los países son abstracciones colectivas y yo sólo puedo amar a personas, a individuos.Nací en el Perú por obra del azar. Nadie elige a sus padres ni al país en que nació. Son accidentes benignos o perniciosos o inocuos. Nadie está obligado a amar al pedazo de territorio en que nació. Nadie está obligado a encontrarlo bello o sobrecogedor sólo porque allí fue parido y fue al colegio. El Perú no me parece un país particularmente admirable o glorioso. Me parece un país extraño, inexplicable, aturdido, violento, confuso, autodestructivo. Tampoco creo que sea el país más lindo del mundo, ni su bandera la más vistosa, ni su himno el más conmovedor, ni sus héroes los más heroicos, como me enseñaron en el colegio. Conozco países más lindos y admirables que el Perú.No veo por qué tendría que negarlo sólo porque nací en el Perú.Nadie tiene por qué asociar su destino personal al destino del país en que nació. Si ese país es violento, irracional, autodestructivo, y la mayor parte de sus habitantes ignoran o repudian las formas civilizadas de convivencia, y se condenan por eso a un destino triste, bárbaro, miserable, no parece justo convertirse en rehén o compañero de ruta de esas personas confundidas, someterse a sus designios y renunciar al sueño personal de vivir con toda la libertad que sea posible. El destino del Perú no es mi destino. El destino de ningún país es mi destino.Quiero que al país en que nací le vaya bien. No depende de mí, sin embargo.Yo sólo tengo el poder, si acaso, de que a mí me vaya bien o mal. Ni siquiera tengo el poder de que a las personas que más amo les vaya bien o mal. Puedo guiarlas, ayudarlas, aconsejarlas, pero dependerá finalmente de ellas que les vaya bien o mal (y sospecho que les irá mejor si ignoran mis consejos). El destino de una persona puede que sea, con suerte, la suma de sus decisiones individuales, el ejercicio -inteligente o estúpido, valeroso o cobarde, laborioso o pusilánime- de su libertad. Del mismo modo, el destino de un país puede que sea la suma de las decisiones colectivas de cada uno de los individuos que lo componen. Si la mayor parte de esas personas deciden mal, repetida y sistemáticamente mal, y por consiguiente hunden a su país en undestino aciago, sólo caben dos opciones para escapar de las seguras miserias que vendrán y torcer esa suerte malhadada: cambiarel modo en que piensan y deciden esas personas o cambiar de país. Yo sólo puedo hacer lo segundo. Lo otro sobrepasa mis fuerzas.Espero que al país en que nací le vaya bien. Pero si le va mal, o si incluso le va peor de lo mal que ya le iba, no estoy dispuesto a que a mí también me vaya mal por puro patriotismo, por hacer míos los errores de muchos otros y acompañarlos lealmente hasta el final. Porque, además, los países, a diferencia de las personas, siempre pueden estar peor. Las personas, no: llega un momento en que la decadencia progresiva de su salud acaba con sus vidas. Lospaíses, en cambio, nunca se mueren. Algunos eligen ser saludables, prosperar, aprender de los más sabios y fuertes; otros, como el país en que nací, suelen elegir, por misteriosas razones, el camino del sufrimiento, la decadencia y la perpetua agonía. Y, ya se sabe, nunca se mueren, siempre pueden estar peor.Mi patria no es el lugar en que nací. Mi patria son mis hijas, mis amores, los libros que me iluminaron, las películas que me conmovieron, cada lugar en que fui fugaz e inesperadamente feliz, cada circunstancia que afirmó mi libertad personal y me hizo ser quien ahora soy. Mi patria son muchas pequeñas patrias y están diseminadas en muchos lugares distintos en los que no me siento unextranjero. (Javier Cercas lo dice bien en Soldados de Salamina, esaespléndida novela: "En cuanto a la patria, bueno, la patriano se sabe bien lo que es, o es simplemente una excusa de la pillería o de la pereza").Yo no soy un patriota ni aspiro a serlo. No soy un nacionalista y odiaría serlo. Soy o quiero ser un hombre libre. Y así quiero vivir y morir, aunque no sea en el Perú

http://sapoperu2011.blogspot.com/

Raúl Wiener Anticorrupción peruana



En lo que va de los 2000, hemos tenido zar anticorrupción, oficina anticorrupción, plan anticorrupción y ahora Comisión de Alto Nivel Anticorrupción, pero la sensación que hay en el ambiente es que la corrupción goza de muy buena salud.
También en el mismo período hemos tenido contralor sin título universitario pero amigo del presidente, más adelante amigo del siguiente gobierno y ahora coordinador anticorrupción; y en paralelo hubo promesa de nuevo contralor propuesto por la oposición, comisión de notables para decidir el contralor, selección de contralora mentirosa, renuncia del postulante alternativo por no cumplir los requisitos y finalmente nombramiento de un contralor que parece sonámbulo y al que le ponen una Comisión paralela con un coordinador que es el ex contralor apoyado por el primer ministro, pero el hombre sigue persiguiendo alcaldes y presidentes regionales por encargo.
En este panorama caben por cierto el juez anticorrupción Jorge Barreto que no ve asociación delictiva en los actos de León, Químper, Canaán y otros, que no quiere oír los audios donde se complota contra el Estado, que mantiene a Bieto en una falsa “detención domiciliaria” que le permite acudir al hipódromo y al jacuzzi, que ha levantado los impedimentos de salida a Fortunato Canaán que ahora reside cómodamente en Santo Domingo, que quiso liberar a Rómulo y que está preparando la impunidad en el proceso de los petroaudios.
Y los ex procuradores anticorrupción Ugaz y Valdivia, que siempre declaran sobre los delitos de Fujimori y se integran a todo organismo que lleva la palabra “ética”, pero eso no les impide representar a empresas corruptas que se beneficiaron de los contratos irregulares con el poder dictatorial.
La anticorrupción debe ser el concepto más ambiguo de la primera década del nuevo siglo.
¿Qué le debemos a Gerardo Matute de lucha real contra la corrupción durante los gobiernos de Toledo o García, para que hoy sea el coordinador designado, con sueldo y todo, aún antes que la Comisión de Alto Nivel vote su presidente?
Evidentemente nada.
Durante el famoso caso de la Interoceánica, redactó la ley que finalmente excluyó a la Contraloría del control que debía ejercer sobre esta obra, y que lo hubiera obligado a objetar a Odebrecht por tener procesos pendientes con el Estado.
Es decir se dedicó a armar coartadas pilatescas, en vez de cumplir con su responsabilidad. ¿Y cuán importante fue Ugaz para la condena final de Fujimori? Cero sobre cero.
Los casos de allanamiento ilegal de la casa de Montesinos, congresistas tránsfugas, venta de medios de comunicación, sin mencionar los de derechos humanos, no necesitaron ni un línea escrita por el procurador estrella para que el chino terminara condenado.
Tanto es así que él aceptó todos los cargos.
Lo que no existe es el informe claro del robo de las privatizaciones, la compra de armas, la quiebra de bancos, etc., que Ugaz-Valdivia eludieron en todas las formas. Pero si estos son nuestros personajes anticorrupción, pensemos ahora por qué no nos extraña que Keiko vaya tan arriba en las encuestas o que los alcaldes de Lourdes y Castañeda fuguen hacia Kouri.
Es que todo parece lo mismo.

Grupo de congresistas demanda hasta seis años de cárcel para médicos que cometan negligencias


Apra, UPP e independientes presentaron un proyecto de ley que recomienda también la inhabilitación de los malos profesionales de la salud
06 febrero 2010
Congresistas de diversas bancadas presentaron un proyecto de ley según el cual los profesionales de la salud que dejen con lesiones graves a pacientes por cometer negligencias podrían recibir una pena privativa de la libertad no menor de tres ni mayor ni mayor de seis años.
De acuerdo a
la iniciativa , presentada por congresistas de diversas bancadas, se solicita también la inhabilitación del médico o enfermera que “tenga una conducta negligente respecto a la salud e integridad física de la persona”.
La propuesta fue presentada por los parlamentarios Hilda Guevara (Apra), Washington Zeballos (independiente), Rosa Venegas (independiente) y Gloria Ramos (Unión Por el Perú).
También se propone una pena privativa de libertad no menor de cuatro años ni mayor de ocho cuando el paciente resulte muerto como consecuencia de una mala praxis.
El proyecto busca que estas sanciones se incorporen a los artículos 111 y 124 del Código Penal.